8 mar. 2011

Experimentando el museo

Quien más y quien menos es devorador de museos, sobre todo cuando viaja. Se ofrecen a todo color en las guías de las ciudades, y curioseamos sus fotos para encontrar ese algo que hace que las incluyamos en nuestro plan turístico-cultural del día. ¿Cómo elegimos unos museos respecto a otros?, ¿por qué existen hitos museísticos imprescindibles de visitar aunque en nuestra localidad no pisemos un museo ni por asomo?. Nuestro sentido crítico al respecto está aún por explotar. Existe la crítica literaria, la crítica gastronómica, esas críticas que llevan a decir “yo te recomiendo”. Pero ¿por qué no existe la crítica museística, con lo que “consumimos” museo?. Yo abogo por empezar a ver los museos desde la experimentación.

¿Cómo y por qué se conoce un museo y se toma la decisión de visitarlo?. Esta es mi primera reflexión como público, visitante, o cualquier forma que defina mi participación en un museo. Estoy convencida que los pequeños museos locales, frente a los museos que se encuentran en grandes capitales, tienen mucho que ofrecer.

La segunda reflexión, al hilo del ofrecimiento, sería la siguiente ¿todo lo que se denomina “museo” lo es en realidad, y es susceptible de proporcionar una experiencia cultural que merezca la pena?. Y cuando digo “merece la pena”, quiero decir qué ha sido de extraordinario, singular, diferente. Al fin y al cabo, no todos somos especialistas de la pintura flamenca, pero nos gusta contemplar lo estéticamente bello y entender su significado.

En definitiva, la experimentación desde el gusto por visitar el museo y desde el análisis de lo que éste ofrece.

Ideas + experiencias = vivencias singulares


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